2 dic. 2019

Enajenación transitoria

El caballero me hace el amor mientras mi fuego necesita, a gritos y desesperadamente, una sacudida volcánica.
Y aunque el deseo me guía y me estremezco, algo me empuja al salvajismo, a tomar las riendas, a morir matando.

El ansia me curva, arremetemos contra el colchón, salto encima del que me tiene presa, y se pinchan coño y troncho en un anhelo que chisporrotea en la penumbra de nuestros cuerpos. Se encienden mis pupilas en los iris impresionables del caballero. Debería estar asustado, se me escapa aquella risa tonta de sádica salida que tan poco aprecia en mí y tan bien se guarda siempre de sacar a colación cuando el coito arrecia. 
Pero sigo a lo mío. Avasallo a mi hombre, le cabalgo a cuclillas. Me recojo el pelo, modifico el ritmo, y él se agarra de mis caderas y jadea entre roncos suspiros. Se esfuerza por mí, aguanta mi lucha, desea darme lo que más quiero ahora mismo. Y se le escapa de a poquito la vida, y lo aprieto todavía más.
-Lléname... hasta el fondo... me perteneces... sí...

El sudor me hierve, precipita espalda abajo y se cuela por entre mis nalgas, haciéndose mejunje con el caldo espeso derramado de él, de mí.


29 nov. 2019

Trátame como la puta que soy

Escribir no te da ningún derecho.
La incontinencia verbal que gastas conmigo no es atenuante para el trato de favor.
De ahí la mirada asesina, el cuchillo.

Y te advierto: que sea una puta no me hace de tu propiedad. Ni chasqueando los dedos, ni retándome a follar sobre el papel.
Pero me sigues, husmeas mi rastro.
Te aburre incluso que una perra como yo calle unos cuantos días...




Merodear se te da bien.
Como a mí quitarme la ropa o descorchar braguetas.
Somos culos inquietos, y dedos, y neuronas, y flujos seminales.
Y mientras te concentres en mis ojos y no en mis tetas, seremos civilizados.
Sí.
Mientras sigas anclado en el verde y no en lo pelado del precipicio, seguiremos conjugando al deseo.
Pero llegaré a destripar las medias, a no vetar tus amenazas.
Me fastidia ser lo que no soy cuando ya me conoces.



Quizás ambos tengamos nuestro merecido.


24 nov. 2019

Bruma

El hermano de mi padre tira del collar.
Las perlas modifican la luz que discurre por sus pupilas.
El cerco se estrecha en mi cuello.
Y sus labios se aproximan peligrosamente a los míos.
Respiración entrecortada.

El hermano de mi padre intensifica el vaivén.
El hilo de perlas manda latigazos a su pecho, al mío.
Se aprieta un milímetro en cada sacudida.
El vicio atenaza mis piernas a la altura de su pelvis.
Alientos entremezclados.

El hermano de mi padre roza el frenesí.
Las perlas ahogan, la vagina también.
En esta fricción incesante sellamos la carne.
Jadeos de esperma huyendo de nosotros.
Y solo es el entreacto.


El hermano de mi padre...
Agua pasada hace ya.