17 mar 2021

Receso

huimos de la ciudad
tomamos el fin de semana para largarnos y desaparecer
aunque lo realmente importante es alejarse
-de la rutina, de su trabajo estresante, de mis comidas de olla recurrentes-
y darnos a la buena vida y al sexo
sobre todo al sexo




así
me aplico a él
a su polla respingona
a la faena de liquidar a la buscona incorregible que estoy hecha,
de rodillas,
suplicando su blanco sostén

y cuando se da por vencido y me acaricia las mejillas,
abro los ojos, enfoco lo que hay, y me sonrojo,
-la perrita faldera está feliz y bien gorda-
sé que sin tardar me tocará a mi plantar mis jugos
en su garganta

así
varias veces, al despertar o a la hora del té,
sin salir del apartamento más que para regresar nuevamente
a la ciudad, a la rutina...



al deseo impenitente de borrar a G... del camino



6 jun 2020

En estos días... mi hombre

La madrugada ha sido intensa, la mañana va por el mismo camino.
El caballero se pega a mí, no tengo un momento de respiro pero tampoco permito que me suelte.
Hace unos pocos orgasmos que la leche dejó de brotar de su polla; sin embargo, continua bien dura, bien gorda, agrandando mi coño a marchas forzadas.
Ni bien acabo de correrme que regresan sus manos al magreo; cabeceo unos segundos y me desvelan sus arrumacos en la base de la nuca.
Estoy lista para recibirle de nuevo, mis entrañas segregan en su nombre todo su jugo vital.
-Déjame que te monte -le digo medio adormilada.
-Quieta, preciosa. Más tarde.


Colocado detrás, voltea mi cara, su boca encuentra la mía, salivamos.
Me pone cachonda su gesto.
Con mi pierna, aprisiono sus caderas, me abro, me expongo.
-Necesito lubricante -consigo articular.
Veloces, sus dedos me ocupan hasta el fondo. De la impresión, suelto un chillido que el caballero absorbe como una esponja.
-No, estás perfecta, ya lo verás.
Reconozco el glande en mi bocana.
Y suspiro, y se empina, y estoy llena.
Cadencia lenta, suave, armoniosa... ¡implacable!
Es pura magia: si me acariciara el clítoris, volvería a morir rauda y veloz.
Pero no.
Este es un momento placentero, de mete saca, de amor entre nosotros.
Hasta que viene solo, me oprime el vientre y él goza mis contracciones tanto como yo.
El silencio y la paz nos cubren.
Luego, despacio, el desacople.
Me confiesa que es adicto al runrún de mi vagina. Le sonrío, cierro los ojos.


Y los abro de un bote.
Él sigue en el cielo, se aplacó, por fin.
Me levanto de la cama a duras penas, voy a tientas por la casa, busco las gafas de sol ¡por piedad! Ni rastro, me pongo las suyas.
Un infierno mi cabeza, mi estómago.
No miro la hora, preparo café.


1 jun 2020

En estos día... G..

me busca, o son imaginaciones mías
puebla el whatsapp de frases inconexas, o de imágenes aleatorias,
incluso se permite la libertad de lanzarme partes de su anatomía
el negro lo cubre, de pies a cabeza, también por dentro

no le respondo, o miento fatal
fomento esta idiotez de comunicación al no bloquear el número, al dejarme pensando aquello que puso el otro día, al admirar -porque sí, es admiración- la autoridad que lo envuelve
el negro, su perro fiel


me tiene, o solo me lo parece
aplastando al follar esa parte de mí que le cedo, recalentando el horno que ya suda, que ya hace lo único que sabe hacer desde que me estremecen los hombres
muerdo las ganas
muerdo el puterío que quisiera morderle a él
muerdo cada frase, cada sombra, cada alerta de móvil

me lame,
me da, me quita
me corre a polvos -oh, yes, man-
y yo
me tergiverso
me callo, me observo
me zorreo

dedos untados en savia orgánica