9 dic. 2012

Y permanece (1919)


Sería la una de la madrugada,
o la una y media.
En un rincón de la taberna;
tras la celosía de madera.
Los dos solos en el local vacío.
Una lámpara de petróleo vagamente nos iluminaba.
Dormía el sirviente a la puerta la fatiga de la vigilia.

Nadie podía vernos. Aunque ahora
la pasión era tan intensa
que la prudencia desbordaba.

Entreabrimos nuestras ropas –ya muy escasas
en el ardor de un divino mes de julio.

Júbilo de la belleza gozada en la levedad
de unas ropas entreabiertas;
desnudez radiante de la carne –cuya imagen ha atravesado
veintiséis años; y ahora vuelve
y permanece en el poema.




Y permanece, de Konstantino Kavafis.

19 comentarios:

  1. .....Y mucho más aún ha de estimarse
    el goce que con corrupción y morbo se consigue:
    hallando raramente el cuerpo que es sensible a su deseo...
    que con su corrupción y morbo, ofrece
    una tensión erótica que la salud ignora.

    (ÍMENOS 1919. K. KAVAFIS)

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    1. Vino para leer. Abiertos están
      dos o tres libros; historiadores y poetas.
      Pero apenas ha leído diez minutos,
      cuando los deja a un lado. Sobre un diván
      duerme ahora. Ama mucho los libros
      -pero tiene veintitrés años, y es hermosa;
      y esta tarde el amor atravesó
      su carne maravillosa, su boca.
      A través de la total belleza
      de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad;
      sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer...


      (El vino para leer, 1924. K. Kavafis)

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  2. Genial. Gracias por descubrirme al autor. Intentaré leer algo suyo.

    Lance.

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  3. .....Cerca de tres semanas lleva así.
    Su mente está ya enferma de lujuria.
    Los besos permanecen en su boca.
    Sufre su cuerpo entero por el ansia verdadera.
    El tacto de aquel cuerpo sigue estando sobre él.
    Quiere volverse a unir con él de nuevo.....

    (El 25 año de su vida. 1924. K. Kavafis)

    El anónimo del 9/12

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    1. Vuelve otra vez y tómame,
      amada sensación retorna y tómame -
      cuando la memoria del cuerpo se despierta,
      y un antiguo deseo atraviesa la sangre;
      cuando los labios y la piel recuerdan,
      cuando las manos sienten que aún te tocan.

      Vuelve otra vez y tómame en la noche,
      cuando los labios y la piel recuerdan...

      (Vuelve, 1912. K. Kavafis)

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  4. garan poeta, bello poema.
    Gracias por Cavafis.


    Sañudos...

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  5. Algo dicho a mi lado dirigió
    mi atención a la entrada del café.
    Su hermoso cuerpo vi, que parecía
    que Eros creó con su pericia ilimitada,
    gozando en moldear simétricos sus miembros,
    alzando escultural su talla,
    y conmovido al darle forma al rostro,
    dejándole, al tocarlo con sus manos,
    una emoción en la frente,
    en los ojos y en los labios.

    (A la entrada del café. 1.915. K. Kavafis)

    Anonimo 9/12

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    1. Si de mi amor no puedo hablar
      -hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos-,
      sin embargo tu rostro que llevo dentro de mi alma,
      el sonido de tu voz en mi cabeza,
      los días de septiembre en que desperté de mi sueño,
      hechos uno con mis palabras, están y dan color
      a cada tema que afronto o a cada idea que expreso.

      (Diciempbre de 1903. 1904. K. Kavafis)

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  6. Al menos de ilusiones déjeme engañar ahora,
    que no sienta el vacío de mi vida.

    Y estuve tantas veces tan cercano.
    Y cómo me paralizó la timidez;
    por qué permanecí con labios mudos,
    con mi vida vacía llorando en mi interior,
    vistiéndose de luto mis deseos.

    Hallarme tan cercano tantas veces
    de los ojos, los labios amorosos,
    de aquel cuerpo de ensueño tan querido.
    Hallarme tan cercano tantas veces.

    (Septiembre del 1903. 1904. K. Kavafis)

    Anónimo 9/12

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    1. Bajando por aquella escalera,
      junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante
      vi tu cara desconocida y tú me viste.
      Yo me oculté en las sombras, y
      pasaste rápido, alejándote,
      y te perdiste en aquella casa vulgar
      donde no encontrarías el placer, como tampoco yo habría de hallarlo.

      Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo;
      el amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían
      con su ambigüedad y abandono.
      Se sentían los cuerpos y se buscaban;
      la sangre y la piel comprendían.

      Pero turbados los dos nos escondíamos.

      (En la escalera, 1904. K. Kavafis)

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  7. Junto al escaparate de un estanco
    iluminado, estaban detenidos, entre muchos otros.
    Cruzaron sus miradas casualmente,
    y el deseo prohibido de su carne lo expresaron
    con inseguridad, tímidamente.
    Después, algunos pasos, intranquilos, por la acera,
    hasta que sonrieron y se hicieron leves señas.

    Y ya por fin, el carruaje cerrado....
    el bello acercamiento de los cuerpos:
    las manos prendidas y los labios prendidos.

    (El escaparate del estanco, 1917. K. Kavafis)

    Anónimo 9/12

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    1. Me aburría contemplar la escena,
      y alcé los ojos hacia los palcos.
      Y en uno de ellos te vi
      con aquella extraña belleza tuya, tu corrompida juventud.
      Volvío a mi mente cuanto había oído
      hablar de ti,
      y mi pensamiento y mi cuerpo se conmovieron.
      Y mientras una y otra vez contemplaba fascinado
      esa frágil belleza, tu frágil juventud,
      la buscaba a través de tu ropa,
      te imaginaba y te idealizaba,
      lleno de cuanto había oído contrar de ti.

      (En el teatro, 1904. K. Kavafis)

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  8. ...Tal vez acuda. Tal vez venga esta noche.
    Cerca de tres semanas lleva así.
    Su mente está ya enferma de lujuria.
    Los besos permanecen en su boca.
    Sufre su cuerpo entero por la ansia duradera.
    El tacto de aquel cuerpo sigue estando sobre él.
    Quiere volverse a unir con él de nuevo.

    No traicionarse, bien lo intenta, claro está.
    Mas casi se descuida en ocasiones.
    Por otra parte, sabe a qué se expone, lo tiene claro.
    No es imposible que esta vida suya
    lo lleve al fin a un lamentable escándalo.

    ( El 25º año de su vida. 1925. K. Kavafis)

    Anónimo 9/12

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    1. Al entrar en la casa de placer
      no permanecií en la sala donde celebraban
      los desconocidos amantes su gozo.

      Otra habitación secreta era la mía
      y en su lecho me abandonaba feliz.

      Oh aquella habitación secreta
      cuya sola mención hace avergonzarse.
      Mas no soy yo quien se avengüenza -¿qué clase
      de poeta o artista sería?
      Mejor entonces haber elegido una vida ascética. Más acordes,
      mucho más acordes con mi poesía son estos lugares;
      más me alegra este regocijo promiscuo.

      (Y sobre aquellos lechos me abandonaba y era feliz, 1915. K. Kavafis)

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  9. me gusta imaginarme los paisajes carnales que Kavafis describe como nadie

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  10. Ni pude hacerte mío, ni podré jamás,supongo.
    Algunas frases, algún acercamiento como anteayer en aquel bar, y basta.
    Es una pena, no lo niego. Mas nosotros los Artistas, a veces,
    con la fuerza de la mente y, por supuesto, sólo por un rato,
    conseguimos crear placer que casi siempre se imagina material.

    Así anteayer en aquel bar -con la ayuda leal y compasiva del alcohol-
    media hora de amor gocé perfecta.
    Y tú te diste cuenta, me parece,
    y a propósito te quedaste un poco más.
    Y era completamente necesario.

    Porque con toda la imaginación y el alcohol mágico
    hacía falta contemplar también tus labios,
    hacía falta la presencia de tu cuerpo.

    (Media hora, 1917. K. Kavafis)


    Anónimo 9/12


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    1. Al advertir un bello amor te sientes palpitar y temblar
      como hombre sensible. Y, feliz,
      recuerdas cuanto plantó tu fantasía: las primeras
      sensaciones; luego las demás -mínimas o no- que en tu vida
      pasaste y borraste, mas tan verdaderas y palpables.
      De tales amores nunca te has privado.

      (Al advertir el amor, 1911. K. Kavafis)

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  11. No los volví a encontrar, tan rápidos perdidos...
    los ojos poéticos, la pálida cara.....
    cuando en la calle anochecía....

    No lo volví a encontrar, lo que por suerte obtuve
    y que tan fácilmente abandoné,
    y que después desesperado quise.
    Los ojos poéticos, la cara pálida.

    Aquellos labios no los volví a ver.

    (Días de 1903. 1917. K.Kavafis)

    Anónimo 9/12

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