15 mar. 2012

Otro cine

Llegué a la última sesión y esperé sentada por el medio de la sala hasta que acabó la peli.
Encendieron las luces.
Alguien entro, se sentó detrás de mí y empezó a jugar con mi pelo suelto, a acariciar mi cuello, mi nuca.
“Ponte de rodillas sobre la butaca y abre bien la boca. No mires arriba. No necesitas saber quién soy.”
Obedecí a la voz y me encontré con una tranca apoyada en el respaldo, buscando un ambiente más cálido que aquel.
Con sus manos en mi cabeza, el ritmo de las envestidas era endiablado. Notaba como el glande se hundía hasta el fondo, y sabía que mis arcadas vendrían si o si. Debía sobreponerme al asco. Deseaba con todas mis fuerzas aquella mamada.
El despertador vino a sacarme del atolladero.

8 comentarios:

  1. pequeña yo seré tu despertador para que te encuentres metida en el atolladero,

    besos muy sucios,

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  2. Ese sonido endiablado así dicho parece una salvación...

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  3. Un despertador-desatollador es lo mejor para cuando las cosas se ponen demasiado duras, sí…

    Besos, Lady.

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  4. Me tienes. Lo sabes.

    Lance.

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  5. Lance, mi dulce señor Lance...

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  6. Odio los despertadores que hacen eso, imponiendo una realidad que no toca.


    rrrrrrrrrr, qué rabia!!!

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  7. Sabes que ese sueño puede ser realidad cuando quieras. Besos, amor.

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