Conocí a la mujer del jefe una tarde de viernes.
Acababa de enjuagarme la boca en el baño privado de su despacho.
Cuando contemplé a aquella rubia exuberante comprendí porque no buscaba un desahogo más intenso en la cavidad oscura que preside mis piernas.
4 perlas:
pequeña, ten por seguro que yo prefiero tu oscuridad,
¿Celosa?
mi beso
no, más bien orgullosa, de poder llegar a dónde, quizás, la rubia no sepa
La buena presidencia esa, y no la de los gobiernos.
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