19 ene. 2018

Desconocido



Me citan de nuevo en el club. Peces gordos. Muchos. Las chicas son perfectas, de altura. Y con las tetas grandes. Algunas me ponen de lujo. Y eso excita a ciertos peces.
Corrillos, conversaciones, risas veladas y algo de picoteo entremedias. Insinuaciones, ojos llameantes, roces que ni se notan. Uno me corteja a distancia. Un tiburón demasiado joven, demasiado chulo. Demasiado.

Me instalo en mi zona de confort, allí donde mejores resultados consigo. Pero el depredador me acorrala con un grácil movimiento de aleta y me invita a una copa de cava. Habla meloso. Se hace el interesante. Y consigue captar todas mis atenciones.

-Es tarde. Déjame que te acompañe a casa.

Sin decir más nada, recogemos los abrigos y salimos a por el coche. Brillante. Tuneado. Sin marcas. Me intriga saber dónde me lleva. Damos un rodeo, sabe que lo sé. Nos decimos poco, preferimos que Bill Evans nos arrope. Reconozco ciertas calles pero, bajo el haz de luz que proyectan los faros, parecen otro lugar.
Se detiene en la puerta correcta, apaga el motor y me mira. Ha dejado la chulería en el club. Su cuerpo se inclina sobre el mío, y me besa bien lento.

-Te invitaría a pasar pero mis padres imponen un poco.
-Conozco a tu padre, y a su hermano también. Mañana tenemos una reunión bien temprano.
-No quiero saber a qué hora, no te molestes.

Y al sonreír, le pego un beso fugaz y me bajo del coche. Mientras lo rodeo entre repique de tacones, él se apea también.

-Suerte en Albi. Cuando te hayas instalado, podemos tomarnos un café.
-Sí, ¿por qué no?

Y ni él ni yo, plantados frente a frente, damos por acabada la noche. Final de película que incomoda.

-Bueno pues… Buenas noches, Mónica.
-Sí, bona nit.

Hasta que no lo veo desaparecer tras la esquina, sin luces que lo delaten, no meto la llave en la cerradura.

16 ene. 2018

Todo, todito





Voy a verle y me lo saca todo.
Los malos rollos, el estrés, la ansiedad. Incluso las ganas de que me hagan de todo.
Y me llena de caricias, lamidas, corridas. Y también de energía, deseo, autoestima. Vamos, de casi todo.
Me pongo en sus manos de curandero y le doy vía libre para obrar en mí sus milagros.
Un amplio catálogo de remedios que, bien aplicados, me restituyen del todo.

Ojalá pudiera meterlo en la maleta, llevármelo a Albi y prenderle fuego a la buhardilla entre ambos.
Pero a veces no se puede tener todo.

13 ene. 2018

Negociar




Vuelvo a Albi para concretar los términos de mis obligaciones laborales. Y aunque estaba dispuesta, en cierta forma, a dejarme sacar los pantalones, al final, no ha hecho falta. Y, hasta cierto punto, he podido imponer mis horarios y una tarifa beneficiosa para ambas partes.
Así que reservo el culo intacto para lo que venga a continuación.
Se admiten sugerencias.