18 ago. 2019

Delirando

Llevo dos días en este resort.
El caballero me ha traído, ha sido idea suya.
Descanso, duermo, me bronceo... le tengo a él, ¿qué más quiero?

En esta mañana, oigo el leve rumor de unos dedos tecleando sobre el portátil.
Estará trabajando.
Me doy la vuelta, ronroneo, me tiene loca la cama extra grande.
Unos brazos peludos me abrazan, me poseen, no reconozco su olor pero me dejo toquetear, abro las piernas en un acto reflejo.
Las caderas en su vaivén me arrancan un suspiro.
Entreveo a uno de los armenios alojado en el pabellón vecino.
Me monta, gigante...

Al abrir los ojos, me siento aturdida, no entiendo.
El caballero se recostó junto a mí, mira hacia el monte rasurado.
Unos dedos me hurgan el coño y no son los suyos.
Tiemblo.
Me acaricia con el reverso de su mano, expolea el vicio que llevo dentro.
Y rompo el silencio.

Lentamente, aparta la mano fornicadora con la suya, y lleva mis dedos a su boca.
Relame como si le fuera la vida en ello.


13 ago. 2019

Descarrios por vía única

Me toma de las caderas, voltea mi cuerpo, dispone de mí.
Puede atarme las manos por todo lo alto, o asirme él mismo por las muñecas.
Y abrirme de piernas, husmear mi sexo, dejarme sin resuello.
Le gusta mi pasividad, mi silencio cómplice, que por unas cuantas veces sea su juguete.
Y le vuelve loco forzar, taponar, follar cada uno de mis orificios, y vaciarse por completo...




Zarandea mi anatomía activamente.
Me condenso, soy puro sudor.
Obedezco entre espasmos.
Padezco sed y falta de alimento.
Incluso padezco insomnio con él hurgándome también entre sueños.
Me gusta ser jalonada y usada, me hace sentir plena.



7 ago. 2019

Gula

El hombre diferente al resto tiene hambre, mucha hambre. De aquella que, sin darte cuenta, se acumula entre los pliegues del alma y, un día, explota en forma de sádico y vicioso desespero.
Hambre atrasada de niña, de mujer, de hembra, de dama, de golfa.




Me da de comer mientras piensa en devorarme.