23 nov. 2017

Por variar




Me dijo que confiara en él, que ese día todo iba a ser diferente.

Me sacó el abrigo, el jersey, y me desabrocho la blusa. Sujetando los senos por debajo, mamó de mis pezones, los puso durísimos. Lamió, besó, engulló,… sin prestar más atención a parte alguna de mi anatomía. Yo gemía enloquecida, no podía hacer otra cosa. Él siguió con el festín, amasando mis tetas contantemente, masajeándolas. Y volvía una y otra vez al botón inflamado, succionaba y volvía a succionar. Así consiguió que me corriera.
Cuando le pareció que ya me había degustado lo suficiente, cerró mi blusa de nuevo y me pellizco por encima de la tela.

Diferente, sí.


20 nov. 2017

Sostenuto





En mi última cita acompañé a un caballero a un recital que se celebró en el domicilio particular de uno de los intérpretes. El caballero en cuestión, gran melómano por otro lado, guardó las formas en todo momento influido, a lo mejor, por el hecho de conocerme casi desde la cuna. Y aunque no fui con él en calidad de escort sino como amiga de la familia, me agradó comprobar lo mucho que le tiraba mi cuerpo. La curiosidad de averiguar hasta dónde sería capaz de ir para conseguirme me llevó hasta el salón de su casa. Y aunque no pasó de algunos tocamientos, pudo dar fe de lo excitante que me resulta su compañía.


17 nov. 2017

Pública





No hago la calle pero reconozco que, a veces, me resulta difícil no dar el nombre de alguna, al azar. Por aquello de presentarme y comprobar si el hombre ha venido a buscarme. Y aunque es una idea loca y descabellada, me entran ganas de hacerlo al ver cómo me miran algunos.

Son más difíciles de lidiar los tíos en situaciones comunes que en un lugar de ambiente y cargados de alcohol. 
Todavía me sorprende.